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Violonchelo de colores 2

Con el propósito de enseñar a los niños a tocar el violonchelo de manera sencilla y lúdica y, asimismo dar a conocer las posibilidades de este instrumento al público que aún no las conoce, Pilar Gadea realizó Violonchelo de colores 2, libro y disco compacto que serán presentados con un concierto el próximo domingo 13 de marzo en el Anfiteatro Simón Bolívar del Antiguo Colegio de San Ildefonso.

Este proyecto, realizado con apoyo del Programa de Fomento a Proyectos y Coinversiones Culturales del Fonca, “está dirigido a todos aquellos que se inician en el violonchelo como al público en general, ya que tiene como finalidad aumentar el número de intérpretes y deleitar a los amantes de la buena música”.

Gadea comenta que creó Violonchelo de colores 1, luego de percatarse de que en México, quienes comenzaban a estudiar este instrumento tenían que trabajar con libros ingleses o con el método Susuki, que es japonés. “Debido a esto, los que estudiaban en escuelas inglesas conocían bien las piezas y las tocaban bien y rápido, pero los alumnos que no conocían esos textos, estaban en desventaja”.

Así, la maestra empezó a transcribir canciones que los pequeños conocen, como La muñeca azul y Los pollitos. “Al mismo tiempo escribí otras destinadas a resolver problemas técnicos que frecuentemente se presentan en los primeros años: la postura y las extensiones, por ejemplo”.

En el primer libro, los chicos aprenden la primera posición del violonchelo y en éste, la segunda, tercera y cuarta posiciones, ya que explica: “Debido a que el violonchelo no tiene trastes, se tiene que aprender a tocarlo por posiciones; en la primera se coloca la mano en la parte superior del brazo y en las siguientes va bajando una a una, por lo que es necesario enseñar despacio, con paciencia y disciplina”.

Las canciones que integran el segundo disco son tradicionales latinoamericanas, hay desde argentinas y peruanas hasta poemas musicalizados por la autora, de Sor Juana Inés de la Cruz, Miguel de Unamuno, Amado Nervo, José Emilio Pacheco, Rafael Pombo y Verónica Murguía.

Luego de informar que Violonchelo de colores 1 lo utilizan maestros de diversas escuelas de iniciación musical del INBA, como en la Ollin Yoliztli, la Escuela Superior de Música, la Escuela Nacional de Música, así como la Escuela Freeman de Venezuela y L’Escola de Música de Barcelona, Pilar Gadea dice que el violonchelo “es el instrumento más bonito, porque su sonido es el que más se parece a la voz humana. Es cierto que es poco conocido porque anteriormente, en el barroco, se usaba como instrumento de acompañamiento y rara vez tenía partes predominantes o el papel principal. La música escrita ex profeso para violonchelo es sobre todo contemporánea, se empezó a redescubrir cuando Pablo Casals desarrolló la técnica”.

Después de asegurar que no existe mejor compañía para un niño que un instrumento musical, recuerda que hace cinco años celebró el cumpleaños de su hija Andrea con un concierto interpretado por cuatro de sus alumnos. Después de ofrecer varios conciertos más, reunió a todos sus alumnos para la presentación de Violonchelo de colores 1, y así se formó Los Chelos de Hamelin, ensamble que agrupa a infantes cuyas edades van de los cuatro a los 16 años, dirigido por la propia Pilar Gadea.

Al hablar sobre cómo se interesan los pequeños por este instrumento, aseguró que se interesan por él “únicamente si lo han escuchado o tiene cierta relación con algún músico. Por esto resulta muy importante que haya conciertos de y para niños, que los padres sepan que la música además de desarrollar la sensibilidad, desarrolla ciertas partes del cerebro. Hay que tener en cuenta que los menores tienen muy buen gusto, les gusta la buena música; somos los adultos quienes les estropeamos el oído”.

En la presentación del libro y el disco compacto Violonchelo de colores 2, enmarcada en IX Encuentro Internacional y VIberoamericano de Mujeres en el Arte, cuyo tema central es Mujer, creación artística, marginalidad y educación, participarán Leticia Armijo, coordinadora del Colectivo de Mujeres en la Música; el escritor David Huerta y el violonchelista Ignacio Mariscal. La cita es el próximo domingo 13 de marzo a las 12:00 horas. en el Anfiteatro Simón Bolívar del Antiguo Colegio de San Ildefonso, Justo Sierra 16, Centro Histórico.

El libro y el disco compacto serán presentados en el Anfiteatro Simón Bolívar, el próximo domingo 13 de marzo a las 12:00 horas.

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Su juguete, un instrumento musical

Su `juguete`, un instrumento musical
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El Universal
Domingo 15 de agosto de 2004
Primera plana, página 1
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Diez niños de cuatro a 16 años forman Los Chelos de Hamelin; ensayan una hora diaria y los fines de semana lo hacen colectivamente; Pilar Gadea dirige el grupo y les inculca la constancia
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Andrea tiene 10 años y un chelo diseñado especialmente para su pequeño cuerpo. Con el pelo atado por la nuca, la espalda recta, una mano en el arco y otra en las cuerdas, atiende a las indicaciones de la maestra Pilar, quien da la señal para empezar a tocar.
Los sonidos surgen de la cuerda frotada. Es un arreglo especial para chelo de la clásica infantil Los pollitos . Con los años y la experiencia vendrá Haydn o Bach. Eso lo sabe Bárbara, que a sus 16 años ya casi no recuerda la pieza con la que inició su relación con el chelo.
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Andrea y Bárbara son parte del ensamble Los Chelos de Hamelin, que agrupa a 10 pequeños chelistas cuyas edades van de los cuatro a los 16 años. Bajo la tutela de la maestra Pilar Gadea, Los Chelistas de Hamelin se presentarán este domingo 15 de agosto, a las 11 horas, en la Plaza de las Artes del Cenart, en el marco del Ciclo Infantil que se lleva a cabo en el foro.
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A decir de la maestra Gadea, el objetivo de la agrupación es dar a conocer las posibilidades musicales de este instrumento al público que aún no las conoce.
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El grupo, apoyado desde el principio por el extraordinario chelista mexicano Carlos Prieto, surgió el día en que la pequeña Andrea cumplió cinco años. Ella es hija de Pilar Gadea, y en la fiesta se reunió con otros hijos de chelistas. Se integró un quinteto de chelos.
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“Encontré que era mucha la emoción y el esfuerzo, que los niños se divertían mucho. Mi idea era hacer un quinteto, pero me percaté que poco a poco se fueron acercando a mis otros alumnos en la Escuela Ollin Yoliztli, y surgió la idea de llamarlos Los Chelos de Hamelin, porque igual pueden ser cuatro que 15.”
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Algunos de los integrantes del grupo no viven en la ciudad de México, pero hay periodos en el año en que se integran al ensamble. Los 10 titulares ensayan una hora de manera individual a la semana, y otra en grupo, clase esta última que disfrutan más.
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Gadea realizó un libro llamado Violonchelo de colores , con el apoyo de una beca del Fonca, en el que integró arreglos de canciones populares para chelo. Agregó algunas composiciones de su autoría

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Unen a niños cantores del CH con los Chelos de Hamelín

Juan Solis | El Universal

Jueves 04 de Marzo de 2004

Actuarán conjuntamente con el ensamble de los Chelos de Hamelin en la Iglesia de la Santa Veracruz

Dicen que los niños que escuchan buena música, a la postre no sólo sensibilizan su sentido del oído, sino que también facilitan su aprendizaje de las matemáticas y de pensamientos abstractos. En cambio, los que sólo oyen basura a la larga se vuelven niños verdes corruptos y susceptibles de ser chamaqueados.

Entre los afortunados niños que integran el primer rubro se encuentran los 45 pequeños del Coro de Niños Cantores del Centro Histórico, y los 10 agrupados en el ensamble Los Chelos de Hamelin.

Ambas agrupaciones actuarán juntas, en un fraternal mano a mano, el próximo sábado 13 de febrero, en la iglesia de la Santa Veracruz, en el marco del Festival de México en el Centro Histórico. El coro interpretará piezas de Purcell y Mozart, mientras que los cellistas estarán acompañados por la mezzosoprano Encarnación Vázquez e interpretarán piezas de Beethoven y Handel, entre otras.

El coro nació en el seno del festival, es uno de los proyectos a largo plazo del evento, junto al de la restauración de obras pictóricas y escultóricas pertenecientes a inmuebles ubicados en el primer cuadro de la ciudad. La dirección general está a cargo de Leszek Zawadka y el padrino y presidente honorario es el tenor Ramón Vargas.

Dirigido por el tenor Héctor Francisco Muñoz, el coro cumplirá su quinta actuación en el festival. El resto del año ensayan en la Iglesia de la Santa Veracruz, luego de que salieran de la Iglesia de Loreto prácticamente rodeada por el ruido del ambulantaje. Realizan presentaciones en templos de la demarcación o bien en foros a donde son invitados, como el Palacio de Bellas Artes y el Palacio del Arzobispado.

Los niños que forman el coro, cuyas edades están entre los siete y los 16 años, son habitantes del Centro Histórico. El festival se encarga de pagar el sueldo de sus maestros de música, de proporcionarles uniformes y apoyarlos en el transporte.

Sin tantos apoyos, pero con igual talento, los 10 niños que integran Los chelos de Hamelin son patrocinados, educados musicalmente y dirigidos desde hace tres años por la maestra Pilar Gadea, autora del libro Violonchelo de colores .

Gadea, quien fue maestra en la escuela del Conjunto Cultural Ollin Yoliztli, asegura que lo más difícil al iniciar a un niño en el cello, es mantenerlo sentado junto a su instrumento, sin embargo está convencida de que los niños son profesionales y recuerda a una de las integrantes que tocó con la pierna enyesada.

Gadea y Muñoz coinciden en que los integrantes de sus agrupaciones están lejos de los intereses comerciales promovidos en programas de televisión como “Código Fama”. Sus alumnos toman clases de solfeo y ensayan diario.

“Nosotros no creamos imagen en los niños, no posan, sólo se esfuerzan por interpretar correctamente música compleja”, dijo Muñoz. “Es un hábito concluye Gadea, una forma de vida. Que los niños tengan un momento de soledad con su instrumento les permitirá ser fuertes para afrontar los problemas de la adolescencia.”

 

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El Universal | David Huerta

Orfeo, Adán y los niños

Las canciones de cuna y los juegos de ronda infantiles forman una parte muy rica –plena de irradiaciones y resonancias– de nuestro mundo mental y sensible. Cuando escuchamos esas melodías, de un modo casi instantáneo evocamos las escenas, laberínticas o sencillas, de nuestras primeras experiencias. Eso quiere decir que tales músicas son una especie de eficaces disparadores de la memoria más profunda.
No hay que olvidar que la memoria –la mayor de las musas, madre de todas las demás, llamada Mnemósine por los antiguos– es la principal creadora del arte. Sin la memoria, no hay música ni poesía posibles. De ahí el valor de las recopilaciones de tonadas para niños, tarea a la que se ha consagrado, con una pasión admirable, la ejecutante y compositora mexicana –violonchelista por más señas– Pilar Gadea.

El primer músico y el primer poeta fueron una sola persona: el griego de Tracia llamado Orfeo, cuya historia trágica es uno de los temas perdurables del canon clásico. Esto significa que Orfeo puede ser visto (sería mejor decir “escuchado”) como un compositor de canciones: autor de letra y música, y por ello, el ancestro mítico de todos los compositores cancioneriles del mundo, de Schubert a Gabilondo Soler, de Monteverdi a Pilar Gadea. O si se quiere, su santo patrono.

El llamado Efecto Orfeo –es decir, el efecto que producía la música del poeta cantor de Tracia– hacía que las montañas se inclinasen a oírlo y los ríos detuvieran, para prestar atención a la corriente melódica, el curso de sus aguas. La naturaleza quedaba subyugada, en estado de arrobo, al escuchar lo que Orfeo hacía con su lira y con su voz.

Algo semejante ocurre con todos nosotros –nos detenemos a escuchar con atención, hacemos un alto en nuestras actividades rutinarias– cuando llegan a nuestros oídos las notas de una música que nos conmueve, que nos emociona, que nos hace pensar y rememorar. El efecto órfico de las canciones del disco Violonchelo de colores, de Pilar Gadea y el estupendo equipo de músicos que la acompañan en esta preciosa aventura, es precisamente ese: nos obliga a suspender lo que estamos haciendo para escuchar con placer.

Alguien ha dicho, inconsolable y memorablemente, que no hay más paraísos que los paraísos perdidos, quizá refiriéndose al tema de la “infancia perdida”, que no lo está, evidentemente, para los propios niños. No sé si es verdad que, para quienes ya no lo somos, el paraíso de ser niños ha quedado para siempre extraviado y nos resulta ya inalcanzable. Sí sé, en cambio, que la música se parece tanto a ese paraíso que fácilmente los confundimos: la música tiene esa cualidad adánica que le da sentido y dirección a la energía órfica. Adán y Orfeo se juntan en ella: el paraíso, la infancia, la delicia de los sentidos y los placeres evocadores de la mente. Las canciones infantiles poseen esas cualidades. Podemos comprobarlo una vez más, con una felicidad que no se puede reprimir, en el trabajo de Pilar Gadea y los colegas que junto a ella han hecho posible Violonchelo de colores.

Una de las canciones del disco se titula “Abrir y cerrar”. Consiste en instrucciones muy sencillas para tocar el chelo, ese instrumento de voz grave y noble, capaz de infinitas delicadezas. Es una de mis canciones favoritas. La letra explica que las manos del ejecutante deben aprender a conversar con el instrumento musical. Me parece una idea preciosa, que está contenida en una canción cuya forma, cuyos sonidos y voces –la voz magnífica de Encarnación Vázquez– están completamente en acuerdo, en armonía (pues en medida considerable de armonía se trata), con esas instrucciones: la canción misma es ya parte de ese diálogo, de esa conversación entre el ejecutante, su instrumento, la cantante, quienes escuchamos. Apenas se puede pedir más de la creación artística.

El trabajo de Pilar Gadea y de sus colaboradores en este espléndido disco dan la medida de todo lo bueno que podemos esperar de los artistas mexicanos en estos tiempos, tan difíciles como desgraciadamente sabemos, para la cultura, y en especial para sus estribaciones creadoras. Pero no nos distraigamos con esas noticias, porque es verdad, como dice un proverbio chino, que a todos los seres humanos les han tocado, a lo largo de la historia, tiempos difíciles. Mucho mejor será, para nosotros, acercarnos a este trabajo, dedicado a los niños, hecho por músicos de nuestro país. El disco Violonchelo de colores tiene las dosis suficientes de poder órfico y adánico, de juego y de placer, como para hacernos olvidar penas y ayudarnos a recordar y a vivir el tiempo de nuestra dicha.