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El Sol y la Luna, un espectáculo para celebrar a los niños

Jorge Mendoza | El Univesal

19:25 CIUDAD DE MÉXICO | Martes 22 de Abril de 2014

Música y narración oral se conjugan en este trabajo a presentarse en La Nana

Una celebración anticipada del Día del Niño se disfrutará el 23 de abril en el espectáculo “El Sol y la Luna. Mitos prehispánicos”, en La Nana, Fábrica de Creación e Innovación que es la sede del Consorcio Internacional Arte y Escuela ConArte, a las 16:00 horas.

Este concierto estará ofrecido por el Ensamble Ámbar integrado por Micaela Gramajo en las narraciones, Pablo Chemor en el piano, Sibila de Villa en la flauta, Miguel Haller en las percusiones. En el violonchelo y la dirección se encuentra Pilar Gadea.

Este es un espectáculo donde se combina la música con la narración oral y la imaginación de los niños, a quienes se les comparten dos mitos prehispánicos, el “Mito azteca” y el “Mito maya”, el primero cuenta cómo surgió el fuego y en el segundo se narra cómo el Dios del Sol de nombre Itzamná junto con Ixchel, la Diosa de la Luna llaman a Ah Kin Xooc para que pueda crear la música combinando los sonidos que otorga la naturaleza en la tierra.

“Interpretaremos la música original de <strong>Pablo Chemor</strong> y Jacobo Lieberman en el “Mito Maya” y las composiciones musicales de Alejandra Hernández en el “Mito azteca”. A los niños les encanta imaginar estas historias de nuestros ancestros en tiempos remotos, acompañadas por música. Ésta es una excelente opción de entretenimiento en los últimos días vacaciones de Semana Santa y está dirigida para todo tipo de público”, declaró Pilar Gadea, directora y violonchelista.

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Mitos de sol y luna llevan a un viaje sensorial sin límite

Ángel Vargas
Periódico La Jornada
Domingo 17 de noviembre de 2013, p. 3

Lo ancestral y lo contemporáneo convergen en el espectáculo musicalMitos de sol y luna, del cual el grupo Ámbar ofreció ayer una función en el Centro Nacional de las Artes (CNA), como parte del antepenúltimo día de actividades de la 33 Feria Internacional del Libro infantil y Juvenil (Filij).

Concebido por la violonchelista Pilar Gadea, directora de la agrupación, en él se entremezclan narraciones míticas de origen mexica y maya sobre el origen de la vida y el universo con obras musicales de reciente creación.

Se trata de un viaje sensorial y emotivo sin límites que sitúa al público entre los mismísimos dioses de ese par de culturas precolombinas cuando planean cómo harán la naturaleza y el mundo y cuáles serán las características de los animales y los seres humanos.

De tal manera, merced la intervención de la actriz Micaela Gramajo, quien hizo las veces de narradora, fue posible enterarse de cómo el hombre, tal y como lo conocemos hoy, es resultado de las lágrimas y gotas de sangre que Quetzalcoatl virtió sobre una vasija con huesos y cenizas de muertos que él mismo había sustraído del inframundo, del reino del Mictlán, de acuerdo con la mitología azteca.

También se dio cuenta de la generosidad y valentía de un par de deidades mexicas que sacrifican su vida en una hoguera para que nuestro planeta y los seres vivos que en él habitan puedan gozar de la luz, cobijo y demás bondades del Sol, así como de la Luna, a cuya cara fue aventada un conejo para evitar que fuese demasiado brillante y con ello impedir el necesario reposo que todos merecemos. Es así que desde tiempos inmemoriales puede advertirse en la Luna, sobre todo cuando está llena, la característica figura de ese animal.

Según se dijo en el espectáculo –el cual será presentado también el 24 de noviembre y el primero de diciembre en la Sala Blas Galindo del CNA, a las 13:30 horas– tal gesto de generosidad divina fue agradecido por los antiguos pobladores de estas tierras con un par de monumentales pirámides que aún pueden apreciarse en Teotihuacán.

Para mantener cautiva la atención de quienes llenaron el foro uno de la feria durante los 60 minutos que duró la función, el grupo Ámbar no requirió de más producción, escenografía ni parafernalia que los instrumentos que utilizan los cuatro músicos que lo integran: un teclado electrónico, una flauta transversa, un violonchelo y un set de percusiones, además de la desbordante imaginación de las historias relatadas por Micaela Gramajo.

Integrada por obras de Pablo Chemor, Jacobo Lieberman y Alejandra Hernández, la parte musical generó una atmósfera dulce y animosa, con piezas que hacen referencia a los diferentes fenómenos de la naturaleza y sus elementos, como la lluvia, el viento, el fuego, las aguas de los ríos y océanos o el viento entre el follaje de los árboles.

Al terminar la función, el público, cautivado, agradeció con estridentes ovaciones el trabajo de ese grupo de artistas y continuó con su sabatino paseo entre las decenas de espectáculos y ofertas de esta 33 Filij, la cual se erigió en un páramo de alegrías, asombros y sorpresas para las centenas de familias que a ella concurrieron.

Afuera de ese complejo cultural, ubicado en Calzada de Tlalpan y Río Churubusco, quedó el incesante bombardeo publicitario del llamado El Buen Fin que por doquier y casi todos los medios promueve un consumismo desbocado.

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La cultura necesaria

Alberto Híjar.

Sin plan general que guíe más allá del relumbrón demagógico, hay acontecimientos culturales que pasan desapercibidos ante la enciclopédica ignorancia de los funcionarios y el desprecio de los mercaderes. Describamos.

La Secretaría de Hacienda organiza exposiciones y conciertos en el antiguo Palacio del Arzobispado a un costado del Palacio Nacional. Dentro del XIII Festival de Música Antigua In Illo Tempore, presentó el 24 de noviembre a Los Chelos de Hamelin, una agrupación de jóvenes donde coexisten niños con adolescentes y adultos con la dirección de Pilar Gadea, graduada en México y la Gran Bretaña para ofrecer conciertos como pianista y violonchelista en Inglaterra, Escocia, Grecia, Barcelona y Santander.

Su carrera adquirió un sentido innovador a partir de su libro y disco Violonchelo de colores donde sistematiza la enseñanza para niños que ha desarrollado en España, Estados Unidos y Venezuela. En el bolivariano país encontró una tradición importante de orquestas juveniles e infantiles como la que recientemente asombró a New York, Boston y el Distrito Federal de México con Gustavo Dudamel al frente, celebrado por su juvenil enjundia estética al dirigir lo mismo piezas de Mahler que sabrosos mambos interpretados con los clásicos movimientos acompañados de los trompetistas. Pilar Gadea asume toda esta valiosa experiencia y lo mismo toca a dueto, organiza un cuarteto, un sexteto que toca con los otros diez integrantes del grupo.

Su dirección es discreta y amable, nada grandilocuente, sino acompañada de sonrisas, guiños y felicitaciones para bien auxiliarse con el lanzamiento como director de uno de los jóvenes ejecutantes. La música de los siglos XVI al XVIII resulta festiva, gana al escucha y revela un sentido comunitario en y por el placer estético.
DIARIO POR ESTO ( 1ª dic. 2007)

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Presentación Violonchelo de colores

Método musical

Hoy, presentación de Violonchelo de colores, volumen 2

Ya se encuentra en circulación el segundo tomo del método musical Violonchelo de colores -libro y disco compacto- realizado por Pilar Gadea. El primer volumen mostraba las posiciones de las manos sobre el instrumento. Este segundo incluye canciones tradicionales latinoamericanas y poemas musicalizados de Sor Juana Inés de la Cruz, Miguel de Unamuno, Amado Nervo, José Emilio Pacheco, Rafael Pombo y Verónica Murguía.

Igual que el primer volumen, éste tiene el “propósito de enseñar a los niños a tocar el violonchelo de manera sencilla y lúdica, y asimismo dar a conocer las posibilidades de este instrumento al público que aún no las conoce”.

Gadea creó estos métodos luego de percatarse de que los estudiantes mexicanos del instrumento tenían que trabajar con libros ingleses o uno japonés. Entonces empezó a transcribir canciones infantiles mexicanas y, al mismo tiempo, “a resolver problemas técnicos que frecuentemente se presentan en los primeros años”.

Elaborado con apoyo del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes, Violonchelo de colores 2 será presentado este domingo a las 12 horas en el Anfiteatro Simón Bolívar del Antiguo Colegio de San Ildefonso.

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Pilar Gadea y los Chelos de Hamelin

Pilar Gadea y los Chelos de Hamelin se confabulan para dar vida al disco y al libro de partituras Violonchelos de colores 2, un proyecto que además de despertar el interés de los niños por ese instrumento, les permite desarrollar otras aptitudes.

Por: XAVIER QUIRARTE

Ciudad de México

Milenio / CULTURA

Domingo 13 de marzo , 2005

La música permite a los niños desarrollar una parte del cerebro, asegura Pilar Gadea. Foto: Luis Jorge Gallegos
A jugar con el violonchelo

Los violonchelos no son de colores, si acaso las tonalidades de las maderas varían de uno a otro, pero sí son de tamaños diferentes. Los pequeños van delante, le siguen los medianos y hasta el fondo, como si resguardaran a los que casi parecen juguetes, están los grandes. Las cuerdas, tensadas en su punto, aguardan las caricias de los arcos.

Detrás de los instrumentos las caras comedidas de los niños aguardan las indicaciones de Pilar Gadea. Unos sonríen, otros se muestran serios y aquel derrama picardía. Ninguno parece presionado, ni siquiera ante la presencia de la cámara fotográfica. Todos abrazan sus violonchelos y esperan el momento en que habrán de volar juntos. ..

Uno, dos, tres. .. Atentos a la cuenta, los instrumentos conducen las sensibilidades de los niños que conforman los Chelos de Hamelin, cuyo propósito es encantar a quienes hoy domingo al mediodía habrán de exponerse a las melodías contenidas en el disco Violonchelo de colores 2 y su libro de partituras correspondiente. La presentación se realizará en el Antiguo Colegio de San Ildefonso con la participación de Gadea y sus encantadores discípulos, así como Leticia Armijo, coordinadora del Colectivo de Mujeres en la Música, el poeta David Huerta y el violonchelista Ignacio Mariscal.

Y puesto que el acto forma parte del IX Encuentro Internacional y V Iberoamericano de Mujeres en el Arte, es justo reconocer que la música es un vehículo idóneo para echar por tierra el asunto del género. La colaboración y convivencia entre niñas y niños es patente en las ejecuciones de los Chelos de Hamelin.

TRABAJO DE OCHO AÑOS

Con apoyo del Programa de Fomento a Proyectos y Coinversiones Culturales del Fonca, Pilar Gadea ha publicado este segundo libro de partituras que aparece cuatro años después del primero, aunque el trabajo se remonta a ocho años, dice en entrevista. “El primer libro lo hice yo sola y el maestro Carlos Prieto fue la primera persona que dijo que el proyecto valía la pena y me apoyó emocional, moral y económicamente”.

La idea es que el libro de partituras se distribuya en las escuelas de música, aunque el gran problema es que cada vez hay menos música en las escuelas públicas.

“Realmente son pocos los ejemplares que se venden, por fortuna el disco ha tenido una distribución mucho mayor. Por ejemplo,. me acaba de llamar una chelista de Torreón que compró el disco y ahora me pide libros para enseñar las piezas a sus alumnos. Desafortunadamente en Venezuela el libro se usa más que aquí porque hay un programa muy grande de música, el Proyecto Simón Bolívar, y en la escuela Freeman enseñan con este libro.”

Violonchelo de colores 2 ofrece canciones tradicionales latinoamericanas pero no muy conocidas. “Son ritmos muy interesantes que a los adultos les cuesta trabajo seguir, pero no a los niños”, explica mientras les pide tocar “La media muerte”, una hermosa y agridulce pieza mexicana.

Con estas canciones los niños aprenden mucho, asegura Pilar, mientras da indicaciones para que ejecuten el divertimento argentino “El burrito”. Uno juraría escuchar el paso juguetón de un animalito que se mueve al ritmo de esta especie de chacarera.

Si algo une a los niños que conforman los Chelos de Hamelin es su deseo de aprender el instrumento. Pero como ingresan muy pequeños se requiere mucho la participación de los padres para que vigilen que ensayen al menos 15 o 20 minutos diarios para que avancen y no se aburran. “Con cinco o diez minutos al principio avanzan. Realmente es una cuestión de los papas; es como cuando empiezan a escribir y están los maestros. ”

LOS BENEFICIOS

La música permite a los niños desarrollar una parte del cerebro que de otra forma no se desarrolla, explica Pilar Gadea. “Me han llegado cantidad de artículos de experimentos en Estados Unidos y Alemania, donde se dice que efectivamente la música hace que se realicen ciertas conexiones en el cerebro. Parece raro, pero así es. Se nos olvidan los beneficios que trae la música”.

La música también incide en el proceso de comunicación. “Los niños se quieren mucho y se ayudan entre ellos. La chiquita que se sabe la canción se la enseña a la otra, la espera. En otros casos: ¿quién aprende a esperar a un compañero?”

Durante algún tiempo Pilar dio clases en Santander donde había una niña que tenía problemas de desarrollo y cojeaba un poco. Tiempo después su mamá se le acercó y le comentó: “Desde que toca el chelo es otra niña porque aprendió a relacionarse de otra manera”. Hace poco una alumna suya. Bárbara, declaró en una entrevista: “Cuando me siento sola y triste tengo mi chelo”.

Historias de colores afinados

Daniela luce preocupada porque, por esos accidentes que hacen de la vida precisamente la vida, un martillo cayó encima de su violonchelo. Como si fuera doctora la maestra lo ausculta y declara que está bien; recibió un golpe, fuerte pero el sonido no se ha alterado. Otra buena noticia es que al martillo tampoco le pasó nada, aunque se rumora que está castigado.

Sonriente, Daniela recuerda un cartel que le hizo ojitos para avisarle que habría un concierto de violonchelo. Curiosa –qué niño no lo es- asistió y quedó prendada del sonido de Pilar y sus duendecitos, perdón sus Chelos de Hamelin. Siente que desde que toca ha cambiado y es más feliz.

Úrsula no tiene cien años y por supuesto no es de Macondo, pero a sus seis años tiene cara de angelito aunque con los pies plantados en la tierra. ¿Qué le gusta del chelo a esta pequeña? “Mmm, mmm, mmm”, murmura como si fuera una cuerda que está siendo afinada. “No sé… ¡Todo! la, ja.”

A su lado, se nota que Carlota -así, en verso ya conoce más el mundo y lo difícil de las relaciones humanas. Dice que cuando toca con Úrsula “se siente bien bonito.

Aquí mis amigas son mejores, son pura buena onda, y en mi escuela son bien gachas.”

Artemisa, juiciosa y tímida, lleva seis años estudiando con Pili, como le llaman a la violonchelista mayor. Asegura que ha cambiado mucho en este tiempo porque antes se aburría en su casa donde no hacía nada. “Cuando entré a estudiar música hubo varios cambios; se siente bien tocar el instrumento, aunque mis amigas de la escuela dicen que es bien aburrido.”

Ellas se lo pierden, pero no Marcos, quien con cara de rocker o de émulo de Nigel Kennedy en el violonchelo, es feliz cuando toca “Estrellas”. O Sabina, la de las grandes pestañas, a quien le gusta el chelo por el arco y su pelambre suave.

ANTIGUO COLEGIO DE SAN ILDEFONSO, JUSTO SIERRA 16,

CENTRO HISTÓRICO.

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Violonchelo de colores 2

Con el propósito de enseñar a los niños a tocar el violonchelo de manera sencilla y lúdica y, asimismo dar a conocer las posibilidades de este instrumento al público que aún no las conoce, Pilar Gadea realizó Violonchelo de colores 2, libro y disco compacto que serán presentados con un concierto el próximo domingo 13 de marzo en el Anfiteatro Simón Bolívar del Antiguo Colegio de San Ildefonso.

Este proyecto, realizado con apoyo del Programa de Fomento a Proyectos y Coinversiones Culturales del Fonca, “está dirigido a todos aquellos que se inician en el violonchelo como al público en general, ya que tiene como finalidad aumentar el número de intérpretes y deleitar a los amantes de la buena música”.

Gadea comenta que creó Violonchelo de colores 1, luego de percatarse de que en México, quienes comenzaban a estudiar este instrumento tenían que trabajar con libros ingleses o con el método Susuki, que es japonés. “Debido a esto, los que estudiaban en escuelas inglesas conocían bien las piezas y las tocaban bien y rápido, pero los alumnos que no conocían esos textos, estaban en desventaja”.

Así, la maestra empezó a transcribir canciones que los pequeños conocen, como La muñeca azul y Los pollitos. “Al mismo tiempo escribí otras destinadas a resolver problemas técnicos que frecuentemente se presentan en los primeros años: la postura y las extensiones, por ejemplo”.

En el primer libro, los chicos aprenden la primera posición del violonchelo y en éste, la segunda, tercera y cuarta posiciones, ya que explica: “Debido a que el violonchelo no tiene trastes, se tiene que aprender a tocarlo por posiciones; en la primera se coloca la mano en la parte superior del brazo y en las siguientes va bajando una a una, por lo que es necesario enseñar despacio, con paciencia y disciplina”.

Las canciones que integran el segundo disco son tradicionales latinoamericanas, hay desde argentinas y peruanas hasta poemas musicalizados por la autora, de Sor Juana Inés de la Cruz, Miguel de Unamuno, Amado Nervo, José Emilio Pacheco, Rafael Pombo y Verónica Murguía.

Luego de informar que Violonchelo de colores 1 lo utilizan maestros de diversas escuelas de iniciación musical del INBA, como en la Ollin Yoliztli, la Escuela Superior de Música, la Escuela Nacional de Música, así como la Escuela Freeman de Venezuela y L’Escola de Música de Barcelona, Pilar Gadea dice que el violonchelo “es el instrumento más bonito, porque su sonido es el que más se parece a la voz humana. Es cierto que es poco conocido porque anteriormente, en el barroco, se usaba como instrumento de acompañamiento y rara vez tenía partes predominantes o el papel principal. La música escrita ex profeso para violonchelo es sobre todo contemporánea, se empezó a redescubrir cuando Pablo Casals desarrolló la técnica”.

Después de asegurar que no existe mejor compañía para un niño que un instrumento musical, recuerda que hace cinco años celebró el cumpleaños de su hija Andrea con un concierto interpretado por cuatro de sus alumnos. Después de ofrecer varios conciertos más, reunió a todos sus alumnos para la presentación de Violonchelo de colores 1, y así se formó Los Chelos de Hamelin, ensamble que agrupa a infantes cuyas edades van de los cuatro a los 16 años, dirigido por la propia Pilar Gadea.

Al hablar sobre cómo se interesan los pequeños por este instrumento, aseguró que se interesan por él “únicamente si lo han escuchado o tiene cierta relación con algún músico. Por esto resulta muy importante que haya conciertos de y para niños, que los padres sepan que la música además de desarrollar la sensibilidad, desarrolla ciertas partes del cerebro. Hay que tener en cuenta que los menores tienen muy buen gusto, les gusta la buena música; somos los adultos quienes les estropeamos el oído”.

En la presentación del libro y el disco compacto Violonchelo de colores 2, enmarcada en IX Encuentro Internacional y VIberoamericano de Mujeres en el Arte, cuyo tema central es Mujer, creación artística, marginalidad y educación, participarán Leticia Armijo, coordinadora del Colectivo de Mujeres en la Música; el escritor David Huerta y el violonchelista Ignacio Mariscal. La cita es el próximo domingo 13 de marzo a las 12:00 horas. en el Anfiteatro Simón Bolívar del Antiguo Colegio de San Ildefonso, Justo Sierra 16, Centro Histórico.

El libro y el disco compacto serán presentados en el Anfiteatro Simón Bolívar, el próximo domingo 13 de marzo a las 12:00 horas.

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Su juguete, un instrumento musical

Su `juguete`, un instrumento musical
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El Universal
Domingo 15 de agosto de 2004
Primera plana, página 1
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Diez niños de cuatro a 16 años forman Los Chelos de Hamelin; ensayan una hora diaria y los fines de semana lo hacen colectivamente; Pilar Gadea dirige el grupo y les inculca la constancia
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Andrea tiene 10 años y un chelo diseñado especialmente para su pequeño cuerpo. Con el pelo atado por la nuca, la espalda recta, una mano en el arco y otra en las cuerdas, atiende a las indicaciones de la maestra Pilar, quien da la señal para empezar a tocar.
Los sonidos surgen de la cuerda frotada. Es un arreglo especial para chelo de la clásica infantil Los pollitos . Con los años y la experiencia vendrá Haydn o Bach. Eso lo sabe Bárbara, que a sus 16 años ya casi no recuerda la pieza con la que inició su relación con el chelo.
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Andrea y Bárbara son parte del ensamble Los Chelos de Hamelin, que agrupa a 10 pequeños chelistas cuyas edades van de los cuatro a los 16 años. Bajo la tutela de la maestra Pilar Gadea, Los Chelistas de Hamelin se presentarán este domingo 15 de agosto, a las 11 horas, en la Plaza de las Artes del Cenart, en el marco del Ciclo Infantil que se lleva a cabo en el foro.
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A decir de la maestra Gadea, el objetivo de la agrupación es dar a conocer las posibilidades musicales de este instrumento al público que aún no las conoce.
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El grupo, apoyado desde el principio por el extraordinario chelista mexicano Carlos Prieto, surgió el día en que la pequeña Andrea cumplió cinco años. Ella es hija de Pilar Gadea, y en la fiesta se reunió con otros hijos de chelistas. Se integró un quinteto de chelos.
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“Encontré que era mucha la emoción y el esfuerzo, que los niños se divertían mucho. Mi idea era hacer un quinteto, pero me percaté que poco a poco se fueron acercando a mis otros alumnos en la Escuela Ollin Yoliztli, y surgió la idea de llamarlos Los Chelos de Hamelin, porque igual pueden ser cuatro que 15.”
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Algunos de los integrantes del grupo no viven en la ciudad de México, pero hay periodos en el año en que se integran al ensamble. Los 10 titulares ensayan una hora de manera individual a la semana, y otra en grupo, clase esta última que disfrutan más.
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Gadea realizó un libro llamado Violonchelo de colores , con el apoyo de una beca del Fonca, en el que integró arreglos de canciones populares para chelo. Agregó algunas composiciones de su autoría

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Unen a niños cantores del CH con los Chelos de Hamelín

Juan Solis | El Universal

Jueves 04 de Marzo de 2004

Actuarán conjuntamente con el ensamble de los Chelos de Hamelin en la Iglesia de la Santa Veracruz

Dicen que los niños que escuchan buena música, a la postre no sólo sensibilizan su sentido del oído, sino que también facilitan su aprendizaje de las matemáticas y de pensamientos abstractos. En cambio, los que sólo oyen basura a la larga se vuelven niños verdes corruptos y susceptibles de ser chamaqueados.

Entre los afortunados niños que integran el primer rubro se encuentran los 45 pequeños del Coro de Niños Cantores del Centro Histórico, y los 10 agrupados en el ensamble Los Chelos de Hamelin.

Ambas agrupaciones actuarán juntas, en un fraternal mano a mano, el próximo sábado 13 de febrero, en la iglesia de la Santa Veracruz, en el marco del Festival de México en el Centro Histórico. El coro interpretará piezas de Purcell y Mozart, mientras que los cellistas estarán acompañados por la mezzosoprano Encarnación Vázquez e interpretarán piezas de Beethoven y Handel, entre otras.

El coro nació en el seno del festival, es uno de los proyectos a largo plazo del evento, junto al de la restauración de obras pictóricas y escultóricas pertenecientes a inmuebles ubicados en el primer cuadro de la ciudad. La dirección general está a cargo de Leszek Zawadka y el padrino y presidente honorario es el tenor Ramón Vargas.

Dirigido por el tenor Héctor Francisco Muñoz, el coro cumplirá su quinta actuación en el festival. El resto del año ensayan en la Iglesia de la Santa Veracruz, luego de que salieran de la Iglesia de Loreto prácticamente rodeada por el ruido del ambulantaje. Realizan presentaciones en templos de la demarcación o bien en foros a donde son invitados, como el Palacio de Bellas Artes y el Palacio del Arzobispado.

Los niños que forman el coro, cuyas edades están entre los siete y los 16 años, son habitantes del Centro Histórico. El festival se encarga de pagar el sueldo de sus maestros de música, de proporcionarles uniformes y apoyarlos en el transporte.

Sin tantos apoyos, pero con igual talento, los 10 niños que integran Los chelos de Hamelin son patrocinados, educados musicalmente y dirigidos desde hace tres años por la maestra Pilar Gadea, autora del libro Violonchelo de colores .

Gadea, quien fue maestra en la escuela del Conjunto Cultural Ollin Yoliztli, asegura que lo más difícil al iniciar a un niño en el cello, es mantenerlo sentado junto a su instrumento, sin embargo está convencida de que los niños son profesionales y recuerda a una de las integrantes que tocó con la pierna enyesada.

Gadea y Muñoz coinciden en que los integrantes de sus agrupaciones están lejos de los intereses comerciales promovidos en programas de televisión como “Código Fama”. Sus alumnos toman clases de solfeo y ensayan diario.

“Nosotros no creamos imagen en los niños, no posan, sólo se esfuerzan por interpretar correctamente música compleja”, dijo Muñoz. “Es un hábito concluye Gadea, una forma de vida. Que los niños tengan un momento de soledad con su instrumento les permitirá ser fuertes para afrontar los problemas de la adolescencia.”

 

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El Universal | David Huerta

Orfeo, Adán y los niños

Las canciones de cuna y los juegos de ronda infantiles forman una parte muy rica –plena de irradiaciones y resonancias– de nuestro mundo mental y sensible. Cuando escuchamos esas melodías, de un modo casi instantáneo evocamos las escenas, laberínticas o sencillas, de nuestras primeras experiencias. Eso quiere decir que tales músicas son una especie de eficaces disparadores de la memoria más profunda.
No hay que olvidar que la memoria –la mayor de las musas, madre de todas las demás, llamada Mnemósine por los antiguos– es la principal creadora del arte. Sin la memoria, no hay música ni poesía posibles. De ahí el valor de las recopilaciones de tonadas para niños, tarea a la que se ha consagrado, con una pasión admirable, la ejecutante y compositora mexicana –violonchelista por más señas– Pilar Gadea.

El primer músico y el primer poeta fueron una sola persona: el griego de Tracia llamado Orfeo, cuya historia trágica es uno de los temas perdurables del canon clásico. Esto significa que Orfeo puede ser visto (sería mejor decir “escuchado”) como un compositor de canciones: autor de letra y música, y por ello, el ancestro mítico de todos los compositores cancioneriles del mundo, de Schubert a Gabilondo Soler, de Monteverdi a Pilar Gadea. O si se quiere, su santo patrono.

El llamado Efecto Orfeo –es decir, el efecto que producía la música del poeta cantor de Tracia– hacía que las montañas se inclinasen a oírlo y los ríos detuvieran, para prestar atención a la corriente melódica, el curso de sus aguas. La naturaleza quedaba subyugada, en estado de arrobo, al escuchar lo que Orfeo hacía con su lira y con su voz.

Algo semejante ocurre con todos nosotros –nos detenemos a escuchar con atención, hacemos un alto en nuestras actividades rutinarias– cuando llegan a nuestros oídos las notas de una música que nos conmueve, que nos emociona, que nos hace pensar y rememorar. El efecto órfico de las canciones del disco Violonchelo de colores, de Pilar Gadea y el estupendo equipo de músicos que la acompañan en esta preciosa aventura, es precisamente ese: nos obliga a suspender lo que estamos haciendo para escuchar con placer.

Alguien ha dicho, inconsolable y memorablemente, que no hay más paraísos que los paraísos perdidos, quizá refiriéndose al tema de la “infancia perdida”, que no lo está, evidentemente, para los propios niños. No sé si es verdad que, para quienes ya no lo somos, el paraíso de ser niños ha quedado para siempre extraviado y nos resulta ya inalcanzable. Sí sé, en cambio, que la música se parece tanto a ese paraíso que fácilmente los confundimos: la música tiene esa cualidad adánica que le da sentido y dirección a la energía órfica. Adán y Orfeo se juntan en ella: el paraíso, la infancia, la delicia de los sentidos y los placeres evocadores de la mente. Las canciones infantiles poseen esas cualidades. Podemos comprobarlo una vez más, con una felicidad que no se puede reprimir, en el trabajo de Pilar Gadea y los colegas que junto a ella han hecho posible Violonchelo de colores.

Una de las canciones del disco se titula “Abrir y cerrar”. Consiste en instrucciones muy sencillas para tocar el chelo, ese instrumento de voz grave y noble, capaz de infinitas delicadezas. Es una de mis canciones favoritas. La letra explica que las manos del ejecutante deben aprender a conversar con el instrumento musical. Me parece una idea preciosa, que está contenida en una canción cuya forma, cuyos sonidos y voces –la voz magnífica de Encarnación Vázquez– están completamente en acuerdo, en armonía (pues en medida considerable de armonía se trata), con esas instrucciones: la canción misma es ya parte de ese diálogo, de esa conversación entre el ejecutante, su instrumento, la cantante, quienes escuchamos. Apenas se puede pedir más de la creación artística.

El trabajo de Pilar Gadea y de sus colaboradores en este espléndido disco dan la medida de todo lo bueno que podemos esperar de los artistas mexicanos en estos tiempos, tan difíciles como desgraciadamente sabemos, para la cultura, y en especial para sus estribaciones creadoras. Pero no nos distraigamos con esas noticias, porque es verdad, como dice un proverbio chino, que a todos los seres humanos les han tocado, a lo largo de la historia, tiempos difíciles. Mucho mejor será, para nosotros, acercarnos a este trabajo, dedicado a los niños, hecho por músicos de nuestro país. El disco Violonchelo de colores tiene las dosis suficientes de poder órfico y adánico, de juego y de placer, como para hacernos olvidar penas y ayudarnos a recordar y a vivir el tiempo de nuestra dicha.